“¡Muévete!”, me decía siempre mi papá cuando me veía perdiendo el tiempo. En casa nunca tuvimos una consola de video juegos, pero siempre había balones, patines, bicicletas y raquetas de tenis. Así crecí. Para mí las vacaciones en la piscina eran tanto entrenamiento como diversión.
Mi capacidad de abstracción, mi imaginación y creatividad, mi habilidad en las ciencias o mi interés por la lectura, no se vieron fuertemente estimuladas en mi infancia, pero logré terminar mi colegio con un lindo 365 en el Icfes, lo cual en mi época era bastante satisfactorio.
Desde muy chica sabía que sería muy dificil sostener mis estudios en una universidad privada, así que me preparé para presentarme a la Universidad Nacional porque era la mejor, y a la Universidad Distrital “por si acaso”. ¿Qué estudiar? eso sí no lo sabía. Llegué a los 16 años sin tener idea de qué quería ser (como si no fuera ya alguien), para qué era buena o cómo quería ganarme la vida, eso tan bonito que en Japón llaman el Ikigai. De esto culpo directamente al deficiente sistema educativo que tenemos en Colombia. Consúltese el video La Educacion Prohibida de reevo.org para mas detalles.
Logre pasar a la Nacional, y finalmente me decidí por una ingeniería, usando criterios económicos y de oportunidad, mas que de gusto o pasión. Ello generó que tuviera que repetir, incluso “terceriar” casi todas las materias técnicas y de matemáticas. Eso, sumado al hecho de que prefería hacer un millón de cosas diferentes a entrar a la mayoría de las clases, hizo que mi carrera se tardara una cantidad de años que me da pena mencionar. De hecho casi me sacan por Física III, momento en el cual estuve a punto de dejar la carrera para irme a practicar artes marciales por el resto de mi vida. Pero pese a todo, logré terminar, conseguir trabajo y tener una vida estable.
Desde entonces han pasado ya casi 10 años. Dando tumbos, yendo de aquí para allá, cambiando seguido de trabajo y probando y conociendo una y mil disciplinas he llegado a donde estoy: tengo pareja e hijos, trabajo en una buena compañía, pertenezco al selecto grupo de los ñoños anónimos, leo muchos libros y sigo aprendiendo de las maravillas de Japón.
Ahora tambien practico Tenis de mesa, y fue en una de esas clases en que me fue revelada la respuesta a muchas de las inquietudes que me han asaltado desde muy joven, una epifanía como dice mi amiga psicóloga, inquietudes y dudas respecto a mi relación con el deporte y la actividad física. Mi profe me dijo “equilibra y recupera la energía después de cada golpe”.
“Claaaaaaro”, me dije. Entendí que debía concentrarme y prepararme únicamente para la bola inmediatamente siguiente, como también diría Bepo Barrendero. Entendí que no tenía sentido recordar la bola pasada o pensar en cómo será la siguiente. Entendí que equilibrar mi postura para el siguiente golpe implica a todo mi ser, ya sea para el tenis de mesa, automatizar una suite de pruebas, ejecutar una técnica Marcial o escribir un libro.
Entendí que entrenar mi cuerpo para que mejore en una disciplina ha sido el vehículo que he utilizado durante toda mi vida para aprender a ser valiente, a creer más en mí, a ser más resiliente, a conocerme, a seguir buscando mi Ikigai. Entendí la razón de ser de las artes marciales. Entendí de qué hablaba Murakami San cuando hablaba de correr y entendí por qué detesto ir al gimnasio.
Entendí que puedes encontrar un Do en cualquier tipo de actividad, si la practicas a conciencia y estas dispuesto a asumirlo.
Entendí por qué mi mamá es feliz caminando cada fin de semana casi hasta el fin del mundo, y entendí por qué mi papá nunca se queda quieto. Soy una persona muy afortunada. Me siento agradecida.
Mi capacidad de abstracción, mi imaginación y creatividad, mi habilidad en las ciencias o mi interés por la lectura, no se vieron fuertemente estimuladas en mi infancia, pero logré terminar mi colegio con un lindo 365 en el Icfes, lo cual en mi época era bastante satisfactorio.
Desde muy chica sabía que sería muy dificil sostener mis estudios en una universidad privada, así que me preparé para presentarme a la Universidad Nacional porque era la mejor, y a la Universidad Distrital “por si acaso”. ¿Qué estudiar? eso sí no lo sabía. Llegué a los 16 años sin tener idea de qué quería ser (como si no fuera ya alguien), para qué era buena o cómo quería ganarme la vida, eso tan bonito que en Japón llaman el Ikigai. De esto culpo directamente al deficiente sistema educativo que tenemos en Colombia. Consúltese el video La Educacion Prohibida de reevo.org para mas detalles.
Logre pasar a la Nacional, y finalmente me decidí por una ingeniería, usando criterios económicos y de oportunidad, mas que de gusto o pasión. Ello generó que tuviera que repetir, incluso “terceriar” casi todas las materias técnicas y de matemáticas. Eso, sumado al hecho de que prefería hacer un millón de cosas diferentes a entrar a la mayoría de las clases, hizo que mi carrera se tardara una cantidad de años que me da pena mencionar. De hecho casi me sacan por Física III, momento en el cual estuve a punto de dejar la carrera para irme a practicar artes marciales por el resto de mi vida. Pero pese a todo, logré terminar, conseguir trabajo y tener una vida estable.
Desde entonces han pasado ya casi 10 años. Dando tumbos, yendo de aquí para allá, cambiando seguido de trabajo y probando y conociendo una y mil disciplinas he llegado a donde estoy: tengo pareja e hijos, trabajo en una buena compañía, pertenezco al selecto grupo de los ñoños anónimos, leo muchos libros y sigo aprendiendo de las maravillas de Japón.
Ahora tambien practico Tenis de mesa, y fue en una de esas clases en que me fue revelada la respuesta a muchas de las inquietudes que me han asaltado desde muy joven, una epifanía como dice mi amiga psicóloga, inquietudes y dudas respecto a mi relación con el deporte y la actividad física. Mi profe me dijo “equilibra y recupera la energía después de cada golpe”.
“Claaaaaaro”, me dije. Entendí que debía concentrarme y prepararme únicamente para la bola inmediatamente siguiente, como también diría Bepo Barrendero. Entendí que no tenía sentido recordar la bola pasada o pensar en cómo será la siguiente. Entendí que equilibrar mi postura para el siguiente golpe implica a todo mi ser, ya sea para el tenis de mesa, automatizar una suite de pruebas, ejecutar una técnica Marcial o escribir un libro.
Entendí que entrenar mi cuerpo para que mejore en una disciplina ha sido el vehículo que he utilizado durante toda mi vida para aprender a ser valiente, a creer más en mí, a ser más resiliente, a conocerme, a seguir buscando mi Ikigai. Entendí la razón de ser de las artes marciales. Entendí de qué hablaba Murakami San cuando hablaba de correr y entendí por qué detesto ir al gimnasio.
Entendí que puedes encontrar un Do en cualquier tipo de actividad, si la practicas a conciencia y estas dispuesto a asumirlo.
Entendí por qué mi mamá es feliz caminando cada fin de semana casi hasta el fin del mundo, y entendí por qué mi papá nunca se queda quieto. Soy una persona muy afortunada. Me siento agradecida.



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